lunes, 16 de febrero de 2015

El fuego (XVIII) Las primeros equipos contra incendios


Historia del fuego


      La primera descripción de la historia moderna en máquinas contra incendios, se encuentra en una ilustración del libro de Rudolphus Agricola "De Re Metálica" publicado en 1556, que presenta en dibujo y en el taller de un metalúrgico. las distintas piezas de un aparato para combatir el fuego. Otro ingenio se halla ilustrado en el libro de Cyprian Lucar "Teatrise Named Lucarsolase" editado en Londres en 1590 y consistía en una especie de "jeringa" sobre ruedas, dotada de cilindro y, pistón para imprimir presión, tal como presenta el grabado correspondiente.

   Una descripción más completa, figura en el libro de maquinaria de Heinrich Zeising en 1612, con la exposición de una bomba de dos cilindros accionada a mano y, otro tipo de bomba más perfeccionada es descrita en el libro "Forcile Moviments" publicado en 1615 y, escrito por un hugonote francés seguidor de Calvino, refugiado en Alemania y apellidado de Caus. Años después, un jesuita alemán de Konishofen, llamado Gaspar Schott, escribió también dos libros de aparatos y máquinas con todo detalle, desde la máquina de Anton Platter de Augsburgo en 1477 hasta la monumental bomba "nuremberga" de Hans Hautsch en 1655. Esta máquina consistía en un recipiente circular instalado sobre correderas y con un pistón en el centro. Tres hombres accionaban la bomba, además de los que abastecían de agua a la máquina y el que lanzaba agua al fuego, a través del "pistero". El agua salía a presión por la fuerza ejercida en las palancas del pistón fijas a una pieza horizontal. Al accionar la palanca en vaivén (arriba y abajo) entraba en funciones el pistón y el agua salía a presión por la boquilla o "pistero".
  En 1668 el ayuntamiento de Ámsterdam encarga a Jan van der Heyden, la organización del alumbrado público de la ciudad y de allí nace la idea de inventar una bomba contra incendios. Sin embargo, Van der Heyden había logrado notoriedad con la invención en 1633 de la "manguera" aplicada a la extinción de incendios. Las primeras mangueras fabricadas con cuero tenían cincuenta pies de longitud, con uniones de bronce en los extremos, significó el comienzo de atacar los incendios en su base ya que el antiguo sistema de lanzas fijas a la máquina, no permitía proyectar el agua en todas direcciones, como tampoco permitía una mayor aproximación al fuego, por las altas temperaturas del mismo. En 1690 Van der Heyden publicó un libro especializado, ilustrando con imágenes de extinción, ambos sistemas.
   Otra máquina que marcó época, fue la ideada en 1721 por el inglés Richard Newsham que perfeccionada con el tiempo, supuso un importante avance técnico y es descrita en el libro "A Universal System of Water and Works" de Stephen Swtizer, como modelo avanzado. A la bomba Newsham siguieron otras máquinas, cada vez más modernizadas, hasta el invento de la máquina a vapor. En España la firma industrial "La Maquinista Terrestre y Marítima", también construyó en su tiempo, bombas manuales muy logradas.
   Entre los siglos XVI-XVII fue muy conocida en España, Francia e Italia, la figura del penitente recorriendo galerías de las minas antes de la entrada de los obreros al trabajo, para inflamar acumulaciones de grisú provisto de un largo y estopa encendida. Esta patética estampa del monje amparado en su amor celestial y protegiendo a los mineros de accidentes mortales, mientras exponía su propia vida, tenía una gran validez moral.
   El grisú es un gas muy peligroso tanto por su toxicidad como facilidad de explosión e incendio, las fuertes conmociones que provoca al explotar, produce hundimientos de galerías. Una semana después del terremoto de Lisboa, España se estremece por los relatos que llegan del vecino país portugués. Lisboa segunda ciudad comercial de Europa, ha ardido materialmente, tras un terremoto que empezó a sentirse a primeras horas del día 1 de noviembre de 1755. Los temblores de tierra abrieron el suelo y casas enteras desaparecían por las grietas. Después las cocinas encendidas prendieron fuego a su alrededor y horas más tarde el humo de los incendios oscureció el cielo. Ardieron desde palacios a barrios pobres y nadie pensaba luchar contra el fuego, sino en salvar su vida.
   El pavoroso incendio del Teatro Coliseo en Zaragoza en 1778, motivó que el Real y Supremo Consejo del Reino, dictara en 24 de noviembre de aquel mismo año. diversas disposiciones referentes a prevención de incendios, para evitar posibles tragedias que pudieran involucrar al público asistente a los teatros del país, a consecuencia del fuego o falsas alarmas.
   Se ordenaba en primer lugar, modificar las puertas en el sentido, que todas se abriesen hacia afuera; que las llaves de las mismas colgasen en lugares bien visibles; se estudiase la sustitución del decorado por otro menos combustible y que todos los teatros, además de estar reconocidos por arquitectos, se les dotase de bombas y agua, por los incendios que pudiesen ocurrir.
   La Instrucción sobre Incendios de 1789, en su capítulo primero ordenaba: "Los aguadores en oyendo tocar a fuego, tengan la obligación de acudir con cántaros y cubetas a llevar agua de las fuentes más cercanas y para este efecto, se registren y señalen doce en cada cuartel y faltando en alguno de los cuarteles se supla de los demás y el que fuese señalado, si tuviese caballería para llevar carga, acuda con ella y en el registro se señalen con esta calidad,..."


Bibliografia:


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